Psicología Transpersonal: Arquetipos y Proyección

 

Hace más de 5.000 años que el Sufismo, el Taoismo, el Budismo, ya estudiaban la Psicología del Ser Humano, los aportes de la Psicología de Oriente, desde cada una de sus corrientes,  no solo enriquecedoras, sino extremadamente complementarias con la Psicología de Occidente.

La convivencia entre todos los paradigmas que abarcan el Conocimiento del Ser enriquecen y complementan lo que es conocida como la 4ª Fuerza de la Psicología que es llamada Transpersonal.

Anteriormente la Psicología Analitica, Cognitivo-Conductual y la Humanista la preceden. Y en un intento de traer una visión integrativa y holística del Ser, la Psicología Transpersonal, contempla a la Persona en su Totalidad: alquimia, astrología, taoismo, budismo, psicología, neurociencias, biología, fisiología, física y química o metafísica. Somos Todo Eso, integrado, contenido en nuestro cuerpo físico que incluye a su vez un cuerpo mental-emocional, y energético-espiritual.

En Occidente, el denominado padre de la Psicología, Sigmund Freud (1856-1939) estudió medicina en la Universidad de Viena especializándose en neurología. Uno de los aportes de Freud radica en la revolucionaria visión que tiene sobre el ser humano. El hombre no es tan racional como lo habían imaginado los filósofos del siglo XVIII. Son impulsos irracionales los que deciden lo que pensamos, hacemos, soñamos. Demostró que las necesidades básicas de los humanos pueden “disfrazarse” dirigiendo nuestros actos sin que nos enteremos de ello. Los que también se disfrazan son los deseos reprimidos, mayormente de índole sexual. Freud llegó a la conclusión que la conciencia del hombre sólo constituye una parte de la mente humana, debajo del umbral de la conciencia se encuentra el subconsciente.

Desde entonces la psique humana puede entenderse, a grandes rasgos, como una división en dos partes, una consciente y otra inconsciente.
La consciente podría representarse como esa parte superior del iceberg que se encuentra sobre el nivel del agua. Y justamente sólo puede ser visible el área menor, quedando la mayor -la inconsciente- como sumergida y oculta.

El inconsciente se convierte realmente en una instancia a la cual la conciencia no tiene acceso, pero que se le revela en los sueños, cuentos y leyendas, chistes, los juegos de palabras, los actos fallidos, etcétera.Los contenidos del inconsciente están conformados por nuestros deseos y emociones profundas, desconocidas para la propia persona. Estos deseos (pulsiones) constituyen la energía del aparato psíquico. El inconsciente constituye la mayor parte de la psique, es mucho más extenso que la conciencia. Freud sostiene que el inconsciente es universal, es decir que existe en todos los sujetos, sanos o enfermos, de cualquier grupo cultural. Sin embargo sus contenidos son estrictamente históricos y personales.

Carl Jung (1875-1961) replantea y amplía el carácter personal del inconsciente freudiano, extendiéndolo «ad infinitum» a un inconsciente colectivo cuyo contenido primordial serán los arquetipos. De esta manera, el mismo inconsciente quedará estratificado en dos niveles: el inconsciente personal, donde los contenidos centrales o constelaciones del inconsciente son distinguidos bajo el término de complejos (residiendo un arquetipo en el núcleo de cada uno de ellos) y el propio inconsciente colectivo, sede de y constituido por los arquetipos. En el diagrama anterior, el inconsciente colectivo estaría representado por el océano mismo, donde flotan los diversos icebergs o psiques humanas y del que son su misma esencia.

La Psicología Transpersonal trabaja con herramientas como LA CONCIENCIA, LA ENERGÍA DE AMAR, LOS ARQUETIPOS O FUERZAS IMPULSORAS COMO ENERGÍA PRIMORDIAL QUE GUÍAN NUESTRAS ACCIONES Y CONDUCTAS,  en el plano VISIBLE (Inconsciente Manifestado) hasta LOS DIFERENTES NIVELES DE CONCIENCIA proveniente de  LA MOVILIZACIÓN DE NUESTRO CUERPO MÁS SUTIL: LOS CHACRAS o Niveles de Conciencia, en el plano INVISIBLE (Inconsciente disponible para hacerlo consciente a través del Ejercicio de la Profundización y el Conocimiento de Nosotros Mismos y la Naturaleza de la que estamos hechos).

El Camino Interno hacia la Libertad del Ser en la Vida Cotidiana pasa por Perdonar, Aceptar y Agradecer, o lo que es lo mismo Liberar lo Condicionado, el material inconsciente que forma parte de nuestros “programas aprendidos” y que no hemos podido hacer consciente. Mientras este material permanezca en el fondo del inconsciente, estaremos proyectando fuera ese material inconsciente que llevamos dentro (arquetipo de la Sombra).

 

C.G. Jung se convierte así en uno de los principales precursores de la Psicología Transpersonal. Tanto que más allá de la Psicología Analítica, Jung es un referente a parte, una sola escuela de esta rama de la psicología que es conocida como Psicología Jungiana, que no sólo bebe de las fuentes del Psicoanálisis sino que incorpora lo trascendente, y el estudio del inconsciente desde su relación con el universo microcósmico e individual y macrocósmico colectivo y existencial, incluyendo en sus observaciones y escritos aspectos vinculados a la alquimia, la mística o la astrología, fuentes de las que bebe por pura tendencia experimental a cerca de su Ser Mismo.

En mi opinión, son incuestionables los aportes del gran Carl Jung en relación al camino de auto-realización que todo ser humano puede recorrer. Un viaje en el que lograremos identificar los diferentes personajes que viven en el interior de cada Ser Humano. La utilización de los núcleos arquetípicos y la utilización de técnicas, permiten trabajar a partir del núcleo de personalidad, sombras,  identificaciones y  el proceso de apertura a lo transpersonal, en un constante alineamiento con el Yo Superior o consciencia Testigo, un proceso continuo de crecimiento y búsqueda de la integración del Ser.

En el proceso de individuación descrito por Carl Gustav Jung,  se tiende hacia el centro superior de la psique, es decir, a llegar a ponernos en contacto y al servicio del Sí-Mismo (Self), y para ello el Yo, y nuestra conciencia de él, va ampliando su autoconocimiento e integrando los diversos arquetipos que configurarán su personalidad total, completa, representada por un círculo, un mandala, o la misma cruz, símbolo arquetípico de la Totalidad alcanzada sobre la Conciencia del Sí Mismo.

LOS ARQUETIPOS SON NUESTRA HERENCIA PSÍQUICA; ROLES Y PATRONES QUE LA SOCIEDAD ACEPTA Y MANIFIESTA A TRAVÉS DE SUS PENSAMIENTOS-ACCIONES INCONSCIENTEMENTE, A TRAVÉS DE SU VIDA. Estos arquetipos podemos llegar a percibirlos a través de sus manifestaciones simbólicas. Son los contenidos del inconsciente colectivo vs inconsciente individual. Jung también les llamó dominantes, imagos, imágenes primordiales o mitológicas y otros nombres, pero el término arquetipo es el más conocido. Son una tendencia innata (no aprendida) a experimentar las cosas de una determinada manera. Jung llamó arquetipos a las ideas en común que comparte la humanidad, indistintamente del credo o cultura; ya sea la creencia en determinados seres mitológicos, o la aberración hacia el incesto, por citar dos ejemplos. Los arquetipos vendrían a ser las representaciones milenarias del inconsciente colectivo.

Nuestra brújula interna está siempre en funcionamiento. Ella está conectada al alma. Cuando caminamos sin consciencia de quienes somos, esta brújula funciona desde los niveles inconscientes. La consciencia puede estar tomando el camino que nuestro ego desea, especialmente en las primeras etapas de la vida, este ego se conforma con los deseos de los demás y se van gestando los condicionamientos que nos van separando de la brújula. Pero la brújula está siempre allí, y las desviaciones en el camino se manifiestan como crisis internas, insatisfacción o depresión. A a veces estas crisis son provocadas por hechos concretos de la vida tales como desgracias, accidentes o pérdidas. Pero otras veces las crisis provienen desde lo más profundo del ser sin un aparente hecho. En ambos casos, nos encontramos con la necesidad de hacer un cambio de dirección.

Para recorrer el camino de individuación, primero hay que enfrentar el encuentro con la propia sombra, para luego transitar el proceso de integración.

Así, el primer arquetipo que debe ser integrado es lo que Jung denominó la sombra. Esto supone comenzar conscientemente el proceso de individuación reconociendo y vivenciando los contenidos de nuestro inconsciente personal. Percibir la sombra es como mirarse en un espejo que nos muestra los recovecos de nuestro inconsciente personal, y, por lo tanto, aceptar la sombra es aceptar el “ser inferior” que habita en nuestro interior.

La Sombra representa la parte que la persona no puede ver de sí misma, el inconsciente reprimido. La sombra es la parte de nosotros que no podemos destruir. Un aspecto interno que tenemos que confrontar hasta conocerlo, aceptarlo y abrazarlo. La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina multitud de proyecciones. La sombra proyectada es la causante de la gran mayoría de los actos cotidianos en los que la intercomunicación es obstruida por “ruidos” psíquicos. Acusamos a los demás de defectos que anidan en nuestro interior y que no nos gusta reconocerlos como tales: “Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas”.

El proceso de individuación comienza con un estado de caos y crisis. Algo se ha disparado en el interior, es necesario un cambio, la insatisfacción inunda todas las áreas de la vida.

Cuando empezamos a ver poco a poco “la sombra” con cierto estado de consciencia, empieza a sentirse una incertidumbre tan grande que aparece la pregunta interna “¿quién soy?”. Uno ya no sabe siquiera quién realmente es. Aparecen las cualidades más hermosas y las más horribles, como dos caras de una misma moneda que vive en el interior.

La sombra tiene una fuerza tal, que cuando es integrada, se puede disponer de esa fuerza en el mundo consciente. La sombra está relacionada a la pasión, al deseo intenso, al fuego, a enfocar la energía en algo con mucha fuerza. Sin embargo, cuando ese fuego se encuentra encerrado en el inconsciente, puede irrumpir en forma de furia descontrolada y destrucción que hace daño al que lo lleva y a otros. Por ejemplo, todos los temas tabú, tanto en la familia como la sociedad, va a parar al reino de las sombras.

Pero cuando ese fuego, ese calor y esa pasión han sido contactados, habiendo elaborado los motivos por los cuales los hemos dejado “debajo de la alfombra”, entonces se convierten en pura vitalidad, energía creativa, y pasión manifestada en cuerpo y alma. Las personas que han hecho un trabajo con su sombra, irradian intensidad.

La diferencia entre la fuerza de la sombra destructiva de la transformadora y vital, es el nivel espiritual alcanzado por la persona. La búsqueda consciente del sentido y la trascendencia, el contacto con la brújula interna, el trabajo interior y de autoconocimiento a través del cual hemos pasado por el doloroso encuentro con lo más horrible de nosotros mismos, son lo que puede evitar que la sombra viva en el inconsciente, y por lo tanto irrumpa cuando menos lo esperamos. El conocimiento de la sombra es el antídoto contra su veneno.

Jung utilizó el término Sombra de dos modos diferentes. Por un lado se puede definir como la totalidad de lo inconsciente, tanto el personal como el colectivo. Por otro lado, Sombra designa al aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo consciente no reconoce como propios. En este sentido, la Sombra es la parte inferior de la personalidad, la suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas que no son asumidas por la consciencia por su incompatibilidad con la personalidad que predomina en nuestra psique. En el nivel del inconsciente personal la sombra pertenece al yo.

La sombra está formada por todas aquellas cualidades o características que despreciamos de nosotros y que han sido guardadas o rechazadas a lo largo de nuestra vida, seguramente por no ser aceptadas por el entorno que nos rodeaba y/o por la sociedad.

Así, por ejemplo, el enfado o la actitud agresiva y desafiante pueden ser cualidades no aceptadas por la sociedad en general aún cuando éstas son parte del ser humano y son necesarias para la vida cuando están canalizadas correctamente.

Estas características pueden ser de muy diferentes naturalezas y no necesariamente son cosas que todos veríamos como negativas, pero que por alguna razón quedan fuera de lo aceptado en un entorno particular. Por ejemplo, las cualidades reprimidas podrían ser también la sensibilidad, la creatividad o la sensualidad, para mencionar solo algunas. En una familia con una estructura rígida basada en la racionalidad, la sensibilidad podrías ser poco valorada e incluso vista como debilidad.

Así, la persona, desde muy pequeña, se va formando una imagen de sí misma que es la que muestra al exterior. Y todo lo demás va quedando en una especie de bolsa interior, donde acumulamos todo lo que no puede formar parte de esa imagen aceptada por otros. Esa bolsa vive en las profundidades del inconsciente, y jamás nos abandona.

Un día la persona se ve tomada por una profunda vergüenza ante una situación, o un enojo terrible y descontrolado, una furia capaz de matar a alguien, o un sentimiento de culpa que nos deja inmóviles….O se da cuenta de su profunda insatisfacción en la profesión, en la pareja o en algún aspecto de su vida….

“Cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta cuanto menos encarnada se halle en nuestra vida consciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedimento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones.” Carl Jung.

En nuestra psique, la sombra (que está en el inconsciente) esconde un tesoro, pero para llegar a contactar con ese tesoro, hay que atravesar la oscuridad, encontrarse con aquellas cosas que no son deseables, no aceptadas, que han sido “dejadas debajo de la alfombra”, porque les tememos o porque no están dentro de las características que conforman la imagen que nos construimos de nosotros mismos y que mostramos a los demás.

El proceso ha comenzado.

El proceso de individuación comienza con un estado de caos y crisis. Algo se ha disparado en el interior, es necesario un cambio, la insatisfacción inunda todas las áreas de la vida.

Cuando empezamos a ver poco a poco “la sombra” con cierto estado de consciencia, empieza a sentirse una incertidumbre tan grande que aparece la pregunta interna  y esencial “¿quién soy Yo?

Nota: “…Dicen los Unpanishads, un conjunto de textos hindúes escritos hace unos 2600 años, totalmente coincidente con la visión de que existe un Inconsciente más profundo: Víctor Frankl le llamó Inconsciente Espiritual, el psiquiatra italiano Roberto Assagioli Supraconsciente. Es necesario que la Psicología no lo ignore: “Hay un Espíritu que permanece despierto cuando dormimos, que crea la maravilla de los sueños. Es el Espíritu que en verdad se llama el Inmortal. Todos los mundos descansan en ese Espíritu y nadie puede ir más allá de él.” En el Zen le llaman “el Nonato”: aquella parte de sí que no nació, pues no pertenece al tiempo. Por lo tanto, no puede morir…”

DE NADA SIRVE SER LUZ SI NO SE ILUMINA EL CAMINO DE LOS DEMÁS. QUE EL CORAZÓN NOS GUÍE SIEMPRE”

 

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